miércoles, febrero 25

Cuando te digo que te extraño es de verdad verdadera.
Tanto tanto que puedo imaginarte al otro lado del teléfono, mirando por la ventana de tu cuarto, esperando que yo aparezca como solía hacer cuando todavía vivíamos en el mismo país.
¡Ay! una flor te llevaba, y ¡Ay! te acordás muy bien cuál. Es que ¡Ay! cómo pasa el tiempo, y ¡Ay! no puedo esperar para volverte a ver.
Y sonreír; y reír y sonreír.
Puedo situarte en mi mente, en tu cuarto, el cuarto de mi memoria. Tus cachetes colorados, conrojada por algo que digo o hago, como solía pasar. Sonrojada por el amor inconfundible que hasta lo sentía al tacto.
No puedo acordarme de todo todo, pero tu aroma está intacto en mi cabeza. Es como el perfume de la vida y el tiempo correspondiente a vos, y anda más que vos.
Cuando vuelva te llevaré la misma flor y la misma risa, para que juguemos a adivinar nuestras vidas anteriores y decirte todo lo que no me acuerdo de mí mismo.

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