
Femme fatale, sin escrúpulos. No existe el bien, si la noche continúa, sea París o New York. La múscia de fondo, y tu silueta irresistible. Piel de miel, brillante como el oro. Las luces de la ciudad que te admira y te teme, que se derrite al verte pasar y se congela al tocarte.
Femme fatale, de ningún y todo hombre. Dejar de ser y serlo todo, es lo que haces. Tu movimiento al caminar, y tu soltura al hablar. La dulzura de tus labios carmesí.
Femme fatale para hacerte morir sin revivir.


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